Por Alba Oliva
Esta obra, tan cruda como real, relata la historia de trece chicas, encarceladas y fusiladas injustamente el 5 de agosto de 1939 por sus creencias políticas en contra del franquismo: Adelina, Ana, Blanca, Carmen, Dionisia, Elena, Joaquina, Julia, Luisa, Martina, Pilar, Victoria y Virtudes.
Narrada desde el punto de vista de una adolescente actual, que escribe una obra de teatro sobre las historias que le cuenta su abuela, Sol, resulta tan cercana como una conversación; para que la realidad de otra época, que creemos olvidada y lejana, no se borre de nuestra memoria.
La representación de la obra de Maxi de Diego fue realizada por las chicas de la Colla jove Carpe Diem en el Casal Font d’en Fargues el pasado 18 de marzo.
Ellas interpretan el papel a la perfección, con realismo y entusiasmo, a pesar de su complejidad e inexperiencia, haciendo que la obra te toque profundamente: esa realidad podría ser la mía.
Con una pantalla que acompaña las escenas y los decorados, y una música que acaba de sacarle todo el brillo al conjunto, esta se ha convertido en una de mis mejores experiencias en un teatro. Un motivo fue la cercanía con la que era tratada la historia y el hecho de que se centrara más en el fondo y no tanto en la forma. A veces, menos es más y otras, es mucho.
Agarrada en todo momento a la silla, mordiéndome las uñas con desespero o derramando alguna que otra lágrima, ha sabido captar la esencia de este suceso: que la memoria de estas chicas no se borre nunca, para que sus nombres no desaparezcan en la historia, para que se las recuerde al alba como las flores que eran.
“Recibe después de una eternidad de besos, el beso eterno de tu madre.” Así se despidió Blanca Brisac de su hijo, desde detrás de los barrotes.
Mujeres inocentes que luchaban por vivir en un mundo mejor, encarceladas por pensar, asesinadas por sus ideales.
“Muchos besos y abrazos de vuestra hija y hermana, que muere inocente” fue la última frase de la carta que Dionisia Manzanero escribió a su familia.
El 5 de agosto de 1939, trece mujeres murieron con la cabeza alta y el pulso firme, y para mi, gracias a esta obra, serán recordadas siempre.
Que el viento acompañe sus pétalos para toda la eternidad.
