La cultura de masas, píldora de comodidad

Por Tristán Cobá (texto e imágenes)*

En clase de Filosofía estuvimos reflexionando alrededor de la cultura de masas, un tema que me parece sumamente interesante. Pero ¿qué es la cultura de masas y qué conlleva su presencia? Las siguientes reflexiones están inspiradas por un texto escrito por Mario Vargas Llosa en su libro La civilización del espectáculo.

Alguien, entre 2005 y 2007, realizó la primera compra de un teléfono celular inteligente, un momento histórico que pasó sumamente inadvertido por no haber sido grabado y publicado en algún medio. Hoy en día, apenas dieciséis años después, podríamos plantearnos cierta pregunta: ¿Acaso hay algo más real que lo que aparece en esa pantalla? Esta pregunta se debe a la inmensidad de información de la web, la que se comparte en redes sociales, la cual no deja clara la línea entre lo real y lo ‘’consumible’’.

Frente al modelo del consumo y la hipercomunicación masiva, todavía podríamos encontrar cierta minoría elitista, culta e incluso sabia, un grupo selecto de personas que tienen las capacidades intelectuales suficientemente trabajadas como para entender obras no accesibles, más por su dificultad o exigencia que por su precio, para las masas.

Sin embargo, actualmente el público objetivo para un producto promedio son estas masas, una acumulación de consumidores que buscan entretenimiento fácil y sobre todo rápido, esto evidentemente beneficiando a los productores de una auténtica industria cultural.

Tiktok sería un ejemplo perfecto de lo ya mencionado. Contenido espontáneo y banal, hecho únicamente para entretener de la forma más superficial posible. Es difícil que el contenido de divulgación científica, por ejemplo, triunfe en ese tipo de plataformas por la duración de dichos videos (un minuto); en cambio los videos cortos y graciosos pero irrelevantes tienen un éxito monumental, al ser los más accesibles para las masas.

Aparte, el consumismo mercadotécnico ha conseguido banalizar hechos históricos, méritos o personas relevantes, igualándolos a otros que, fundamentalmente, no tienen la misma importancia cultural. Esto se debe a que, al ser consumido por un promedio de personas pertenecientes a una masa de consumidores, los hechos históricos han sido tratados asimismo como meros productos comerciales, utilizados como mercancía, videojuegos, películas, normalizando así acciones o eventos históricos que en el pasado eran considerados incluso tabú en ciertas partes del mundo.

El texto diferencia mucho la cultura del pasado y la actual. Antes predominaba una cultura elitista, minoritaria, pero con obras que aspiraban a perdurar en el tiempo. Ahora, yo mismo soy consciente de que pertenezco a esta masa informe de consumidores de lo fácil. Creo que la sociedad actual alienta especialmente a los jóvenes a ese tipo de consumo efímero y superficial, determinado por el capitalismo que busca beneficio de la compra compulsiva y renovada constantemente.

Las masas no soportan la idea de no participar del producto que con tanto ahínco consumen, temen no estar a la última, ávidos de novedades. Pero esos productos consumidos de forma rápida inevitablemente caerán en el olvido después de poco tiempo.

De una sociedad de artesanos, en la cual el fruto del esfuerzo individual equivalía al éxito económico, pasamos a un mercado en donde, independientemente del esfuerzo invertido o la calidad del producto, si éste no es lo suficientemente consumido no tendrá éxito ni valor. Estamos acostumbrados a ser consumidores de lo que el mundo comercial tiene que ofrecernos, pero estos bienes o servicios consumidos se trivializan al punto de convertirse en efímeros e insignificantes culturalmente. Antes, no producir estaba mal, ahora, además, no consumir es igualmente incorrecto. “¿No has comprado el nuevo iPhone? ¿No has escuchado la nueva canción del momento? ¿No has visto la serie que está de moda? Vives debajo de una piedra”. A eso añadimos: “¿Estás consumiendo algo que se creó hace dos años? Eso ya pasó de moda”. En último término, el espectáculo se ha vuelto una parte fundamental de la realidad. Como dice el texto, “la cultura es diversión, es entretenimiento, y si no es divertido, no es cultura”.

Me parece interesante esta comparación entre la cultura del pasado y la cultura actual. En pocos años hemos cambiado de una a otra. La espontaneidad que ofrece la cultura que vivimos actualmente ha conseguido vencer a los eruditos del pasado, conllevando así consecuencias tanto positivas (más espectadores que puedan entender más obras) como negativas (espectadores que al no requerir de cierto conocimiento para consumir una obra, se niegan a cultivar su mente y expandir sus conocimientos. Sólo lo hacen de manera superficial).

*Este texto ha sido escrito en el marco de la materia de Filosofía de 4º de la ESO