Autora: Gala Cabrera Fernández

Por Gala Cabrera Fernández

Todo el mundo parecía hablar de lo mismo durante unas semanas, incluso en sitios donde normalmente solo se discutía sobre fútbol o sobre qué opinaban del nuevo álbum de Rosalía. Esta vez la conversación giraba alrededor de algo mucho más interesante: una palabra pintada con spray rojo en un muro gris de una ciudad de Gaza. 

La palabra era “catarsis”.

Los periodistas la fotografiaban como si fuera una obra de arte contemporáneo, los expertos intentaban encontrarle significados profundos y en internet ya había teorías que relacionaban el tamaño de la palabra con mensajes secretos, como si medir letras con una cinta métrica fuese la clave para entender la guerra.

Curiosamente, la pared empezaba a llenarse de más palabras. Alguien escribió “historia”. Otro añadió “escuchar”. Y una niña, con azul, escribió simplemente “por favor”.

Con el tiempo, parecía más una obra de arte que un simple muro de una ciudad completamente destruida en vano. Así que la gente lo empezó a utilizar como una atracción turística más; para tomarse selfies e ignorar su profundo significado. Por lo tanto, había desde influencers que estaban perdiendo visualizaciones y de una manera u otra necesitaban volver a estar en tendencia, hasta periodistas, curiosos y un señor vendiendo rosas.

Iban pasando los días, y aún así nadie sabía quién había escrito la primera palabra.

Después de tanto tiempo, y de que todo hubiera pasado a ser otra simple “tendencia” más, me di cuenta que quien sea que hubiera escrito eso, no lo hizo por ninguna razón heroica; tal vez solo recordaba algo mucho más simple: que los muros separan, pero las palabras, a veces, pueden hacer de puentes.

En las viejas historias siempre aparece un dragón al que hay que derrotar y un caballero dispuesto a luchar. Pero en la vida real los dragones no siempre tienen forma de monstruo ni desaparecen con una espada. A veces son el miedo, el odio o el silencio oprimido. Y quizá, igual que en las leyendas donde de la sangre del dragón nace una rosa, también hay palabras que, escritas en el lugar correcto, pueden empezar a abrir un camino donde antes solo había ruinas.