Helena Hernaez: “Desarrollamos un trabajo súper complejo en el que tenemos que aceptar que a veces podemos ayudar a los niños y otras veces no”

Abel Roa y Helena Hernaez en el CRAE Minerva.

Abel Roa y Helena Hernaez explican su experiencia como trabajadores del CRAE Minerva

Mónica Dayana Gonzales Melendez

Un CRAE (Centres Residencials d’Acció Educativa) es un centro donde acogen a niños desde los 0 hasta los 18 años que están tutelados por la DGAIA (Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència). En un CRAE entran niños en estado de desamparo, se les cuida y se les guía durante el tiempo de su estancia, hay 101 CRAES en Catalunya y para saber más sobre este tipo de instituciones hemos entrevistado a dos trabajadores del CRAE Minerva de Barcelona, la coordinadora Helena Hernaez Arriola y el educador Abel Roa Suárez.

¿Cómo funciona un CRAE? 

Helena: Hay muchos tipos de CRAE, así que yo no puedo hablar por todos los CRAES porque solo he trabajado en este. Nuestro CRAE es muy grande porque tiene 24 residentes y por eso tiene un funcionamiento bastante complejo. Ahora están intentando hacer centros con menos niños, con unidades familiares más pequeñas, pero este es un centro que tiene muchos años y entonces todavía tenemos 6 habitaciones de 4 niños cada una. Nosotros básicamente lo que hacemos es intentar que estos niños tengan una rutina diaria totalmente normalizada, es decir, que vayan al recurso escolar, que después por la tarde estén vinculados a actividades o extraescolares en el barrio que ayudan a la inserción social. También hacemos trabajo con las familias para tratar de, si se puede, reconstruir los vínculos familiares y, si es posible, un retorno a casa.

¿En qué consiste tu trabajo como coordinadora?

Helena: Como el nombre indica, coordino un equipo, lo que quiere decir que yo, aparte de ser educadora (ya que también me dedico a atender a los niños y soy tutora de 5), me sitúo como cabeza del equipo. Es decir, el equipo está dividido entre el grupo de mañanas, el de tarde, el de noches y el de fin de semana. Entonces yo lo que hago es un poco unificar el criterio educativo de todos, intentar que todos sigamos una misma línea, intentar que las cosas funcionen y, por otro lado, también doy indicaciones, hago horarios, hago calendarios y me responsabilizo un poco de todo esto pero contando con mi equipo.

¿Y el tuyo como educador, Abel?

Abel: Mi trabajo se basa en educar y dar la protección necesaria a los y las jóvenes que se encuentran en esta situación de desamparo en diferentes ámbitos de su vida (ya sea emocional, en su vida cotidiana, etc.) y hacer un poco de guía en el tiempo que estén aquí.

¿Qué se necesita para poder ser educador en un CRAE?

Abel: A nivel de estudios se necesita mínimo un grado superior de integración social, ya que desde hace un par de años se puede trabajar con un grado superior. A nivel de habilidades necesitas tener una personalidad con liderazgo y debes ser vocacional: aquí por dinero no se puede venir, más que nada porque no te haces rico en el sector social, así que hace falta gente a la que le guste este bonito trabajo y que venga con ganas.

¿Cómo llegaste a ser educador?

Abel: De muy joven ya me gustaba ayudar y formar parte de las decisiones cuando había algún conflicto y al principio, cuando me puse a estudiar, encaminé la cosa para ser bombero, pero a causa de una lesión en el hombro tuve que cambiar de camino y entonces comencé a preguntarme qué podría hacer que me gustase, que en cierta manera aporte a la sociedad y que no sea un trabajo rutinario, así que entré en integración y aquí estoy.

¿Qué es lo que más alegría os genera de vuestro trabajo?

Helena: Es el simple hecho de estar con los niños. Creo que desarrollamos un trabajo en el que tenemos que aceptar que a veces podemos ayudar y otras veces no; que tenemos un trabajo súper complejo y que nuestro éxito no se puede medir en resultados. Quiero decir que muchas veces pasas por la vida de un niño e igual lo has acompañado solo un día o lo has acompañado durante un largo tiempo, igual le has ayudado en solo un aspecto de su vida o igual no le has ayudado, pero por lo menos lo has intentado. Entonces, mi felicidad en el trabajo se basa en estar aquí, con los niños, e intentar ofrecer espacios de calidad.

Abel: Ver la evolución que vas creando con los jóvenes, ya que el niño o niña entra el primer día mostrándose serio, sin hablar con nadie o que le cuesta comer, y luego va evolucionando la cosa y ves que hace todo bien y que se va sintiendo cada vez más a gusto y eso, la verdad, te alegra el día a día.

¿Y qué es lo más difícil para vosotros?

Helena: La gestión emocional, porque quieras o no es muy difícil dejar tus sentimientos aparte. Porque yo cuando entro a trabajar, obviamente entro como Helena coordinadora y como Helena educadora, pero es muy difícil dejar a la Helena que soy detrás. Al final, aunque tú intentes separar tu vida profesional de tu vida personal, es un trabajo en el que confluyen las dos cosas siempre y a veces esto no es fácil. A veces tienes un día muy intenso en el trabajo y han pasado muchas cosas y es difícil descansar bien en tu casa, o si tienes dudas sobre si estás interviniendo bien con un niño o si lo estás ayudando de verdad, esto te lo llevas. Quizás hay otros trabajos, en los que estás delante de un ordenador y tu único objetivo es que salga bien un PowerPoint, en los que no te lo llevas tanto a casa, pero si trabajas con un niño o una persona sí.

Abel: Por un lado, está todo el tema de la burocracia, ya que nuestro trabajo no es solo práctico con los chicos, sino que debemos dejar constancia del trabajo que hacemos mediante informes y esa es la parte que menos me gusta y por eso me cuesta. Por otro lado, es difícil cómo está hecho el tercer sector, que se puede dividir en la parte pública, de la que se hace cargo el estado con los centros de la Generalitat, y la de las empresas privadas o concertadas que se dedican a un centro de menores, y en el tercer sector hay cosas que mejorar, ya que, por ejemplo, a nivel de ratio, pues aquí somos 4 o 5 educadores para 24 o 25 niños, así que la atención individualizada que le podrías dar al joven no se la estás dando porque tienes que priorizar la seguridad o que los 5 estén tranquilos antes que darle la atención que se merece realmente la persona.

¿Hay algún motivo en especial por el que quisisteis dedicaros a esto?

Helena: Siempre he tenido muy claro que quería tirar hacia lo social, pero no sabía exactamente el sector. No sabía si iba a acabar con niños y adolescentes, pero fui a probarlo y me quedé. O  sea, yo entré aquí haciendo las prácticas y vi muy claro que sí, que esto era para mí.

Abel: Sí, como he dicho anteriormente, el hecho de trabajar de algo que aporte a la sociedad, porque para mí mi vida se debe a esto, no me veo trabajando de algo que no sea aportando a la sociedad de esta manera, con los jóvenes, ya que son nuestro futuro.

¿Cuál es vuestra opinión personal sobre el CRAE Minerva?

Helena: Yo creo que es un centro en el que somos muy pesados con la normativa, pero creo también, a ver si me logro explicar, en las excepciones, creo que estas son importantes, y que, de hecho, es imprescindible poder hacer excepciones porque todos son diferentes, no hay excepción si no hay norma. Entonces, es muy importante la norma para cumplirla, para hacer excepciones, porque si no se convierte en un sitio sin normas, donde no hay excepciones porque no hay normas y esto pondría en riesgo a los niños. A mi me gusta mucho como se trabaja aquí. ¿Y en qué soy muy crítica? Pues creo que hay demasiados niños y que hay poco espacio, que esto de las habitaciones de 4 se tendría que cambiar, que tendrían que tener un lavabo cada 2 o 3 personas. Creo que todo eso tendría que cambiar, y de hecho ya lo están haciendo así en todos los centros nuevos.

Abel: Es el centro que me ha dado trabajo, y aunque está claro que hay un montón de cosas que mejorar, como en todos sitios, realmente estoy muy contento, tanto por el equipo que se ha creado ahora de tardes como por la coordinación y dirección. Bueno, y les debo el agradecimiento de poder estar trabajando aquí porque estoy muy a gusto. También está cerca de casa, los chicos son un buen grupo, a nivel de valores también vamos muy a la par, ya que siempre va por delante el respeto y la educación antes de hablar con los demás, y no al grito o las malas palabras, así que en general estoy muy contento.